Escapada a Girona

Vista del casco antiguo de Girona desde el puente del río Oñar

Cultura y naturaleza, pasado y presente, cercanía y globalidad. Así es Girona, una ciudad de la que no podrás evitar enamorarte. Pese a que podrías dedicar días y días a recorrer sus calles, si tienes previsto hacer una escapada a Girona y no tienes excesivo tiempo, vamos a explicarte qué es aquello que tienes que ver sí o sí.  ¿Empezamos?

Un buen punto de partida para cualquier visita puede ser el puente de piedra, uno de los más importantes de la ciudad. Es aquí donde empiezan las Ramblas, donde encontrarás un sinfín de terracitas y cafeterías en las que tomar algo. Esta avenida está flanqueada por unas arcadas por las que se asoman pequeñas gárgolas: las cuales, se cuenta, hacen que la gente se enamore cuando pasa por ahí…

Si paseas por debajo de estos arcos, recuerda ir mirando el techo. ¿Sabes por qué? ¡Te sorprenderás al encontrar un mapa de París! Se dice que antaño había aquí una tienda parisina que no tenía demasiado éxito  y, por este motivo, decidieron pintar el mapa: así, las gentes de Girona conocerían mejor París y se interesarían más por la tienda. Por desgracia, actualmente esta tienda ya no está, aunque se desconoce si porque su iniciativa no tuvo el éxito esperado o por la fin de la Belle Époque. ¡Quién sabe!

Otra curiosidad que te espera en tu escapada a Girona es el ojo vigilante: se trata de un ojo esculpido en la fachada de un edificio. Si preguntas a cualquier habitante de la ciudad, te dirá que hace mucho tiempo había allí una escuela de música para niños y los padres, para asegurarse de que estos iban a clase y no se escapaban para ir a jugar, crearon este ojo para mantenerlos controlados. Lo encontrarás en la calle de la farmacia.

Tampoco puedes perderte el refugio antiaéreo de la Guerra Civil: está situado bajo un parque infantil. Es una experiencia impresionante, especialmente si puedes asistir a una de las recreaciones que organiza el Museo de Historia de la ciudad. Eso sí, acuérdate de reservar tu plaza con antelación.

En el casco antiguo, verás que todas las calles tienen nombres de gremios y profesiones, como un eco del pasado que rememora el esplendor medieval de la ciudad. De este encanto medieval perdura, todavía la impresionante catedral: es la catedral gótica de una sola nave más grande de toda Europa, así que vale la pena visitarla.

Si después de tanto pasear empiezas a sentirte un poco hambriento, descuida: aquí, la gastronomía se respira por todas partes. Cocina tradicional, buenos vinos, embutidos artesanos… Sin lugar a dudas, no tendrás problema para encontrar un restaurante en el que comer estupendamente. Ah, y procura no irte de la ciudad sin probar la cerveza local: la Moska.

El nombre de esta cerveza se debe a la leyenda de que San Narciso, patrón de la ciudad, protegió Girona de la invasión francesa: cuando su rey abrió la tumba del patrón, miles de moscas volaron y lo mataron. Por este motivo, en Barcelona se ordenó eliminar cualquier referencia a San Narciso “por si las moscas”, es decir, “por si acaso”. Curioso origen para esta expresión, ¿verdad?

¡Y espera! ¿Pensabas irte de Gerona sin besar el culo de la leona? Recuerda que si quieres volver a la ciudad, tendrás que acercarte a la calle Calderers y plantarle un beso: ¡es el icono turístico por excelencia, o sea, que no puedes dejar de visitarlo!

Albergue Barcelona

Photo credit: DeGust / Foter / CC BY-NC-ND

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