Avenida del Tibidabo, el esplendor del siglo XX

Avenida del Tibidabo, el esplendor del siglo XX

Fue el año 1897 cuando Barcelona anexionó el municipio cercano de Sant Gervasi de Cassoles y, ese mismo año, el médico catalán Salvador Andreu proyectó la avenida del Tibidabo en papel. La urbanización que imaginó y llevó a cabo seguía el modelo típico de ciudad jardín de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con grandes viviendas de estilo neoclásico y espacios ajardinados que atrajeron a las familias más pudientes de la ciudad.

Avenida del Tibidabo, un paseo por la Barcelona de Antaño

El doctor Andreu, famoso por sus pastillas para la tos, vivió en el número 17, que se convertiría en embajada de la Unión Soviética en 1936; como vecino tuvo a Enrique Granados, el compositor leridano que se hizo construir un auditorio en casa, que luego fue estudio de doblaje. Asimismo, a partir de 1900, las fincas fueron testigos de la mano de Puig i Cadafalch, Sagnier, o Rubió i Bellver, y el modernismo catalán que conquistaba toda la ciudad también llegó a la avenida Tibidabo.

No hace mucho, en 2014, Glòria Soler presentaba L’avinguda secreta: Un llegat històric al peu del Tibidabo (La avenida secreta: Un legado histórico a los pies del Tibidabo), lo que nos puede indicar la relevancia de la zona en una ciudad que ha crecido durante más de cien años de un modo cuadriculado en algunos puntos, artístico en muchos otros y totalmente caótico también. En la avenida del Tibidabo, podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que la segunda opción es la más acertada.

Casa de la Avenida del Tibidabo

Detalle de una mansión de la Avenida del Tibidabo (Autor: Photo credit: Sky’s via Foter.com / CC BY-SA )

Con el paso de las décadas, sin embargo, estas viviendas de la burguesía catalana del XIX y el XX se han ido olvidando y convirtiendo en espacios muy distintos. Hoy, pasear por la avenida ya no es sinónimo de lujo y contraste, que también, sino de embajadas, residencias, centros educativos o restaurants de lujo.

Ahí encontramos la Casa Roviralta, más conocida como Frare Blanc por ser una propiedad de los dominicos, que actualmente es un restaurante (concretamente, El Asador de Aranda), o el número 1, que pertenece a otro, aún más conocido: el ABaC, con dos estrellas Michelín.

Una muestra de que la elegancia de la Avenida del Tibidabo no ha perdido su interés turístico es que cada fin de semana el Tramvia Blau recorre el trayecto íntegro de la avenida para unir la Calle de John F. Kennedy con el funicular del Tibidabo. ¡Una gran opción para sentir que has retrocedido un siglo!

Tram Blau subiendo por la Avenida del Tibidabo

Tram Blau subiendo por la Avenida del Tibidabo (Autor: CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons)

Hay construcciones con aires medievales, como la Casa Fornells, y delimita con la Casa Arnús, donde nos imaginamos las maravillas de ese proyecto de Sagnier i Villavecchia envuelto de pinos cuya restauración terminó, de la mano de la Fundación ASEPEYO, en 1991.

De algún modo, visitar la avenida Tibidabo es visitar otro mundo; una Barcelona que fue, y que terminó por integrarse en el ajetreo constante del centro de la ciudad, de los barrios cuadriculados del Eixample, pero que en este caso se integró de un modo distinto, más apartado, más de barrio, y sigue allí en conjunto, mostrando su majestuosidad centenaria para los pocos ojos que se atreven a vivir la ciudad en todo su esplendor.

Albergue Barcelona

Photo Credit by Mutua Universal [GFDL or CC BY-SA 4.0-3.0-2.5-2.0-1.0], via Wikimedia Commons

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